Restaurante Meknes

Desde que hace años tuve la oportunidad de pasar unos meses viajando por el norte de África, las delicias que encierran las cocinas de esa parte del mundo son mi debilidad. Es como un misterio cada bocado que llega a mi boca y todos mis sentidos se concentran en adivinar cada uno de los arcanos que se esconden en mi plato.

Hace tiempo que no visito la zona, pero el gusto por sus delicias no ha menguado con el tiempo, al contrario. Ahora vivo en Algarrobo y evoco otros tiempos pasando algunos ratos en las mesas del Meknes, un restaurante marroquí que acaba devolviéndome algunos de los sabores que tanto añoro.

Sólo con atravesar sus puertas ya me dejo llevar por la ilusión y mi imaginación me trajina a través de los olores de las especias y los inciensos.

Es un sitio pequeñito, apenas para unas treinta o cuarenta personas, quizá por eso, por no tener que cocinar para nutridos grupos de visitantes hambrientos y con prisas, las recetas llevan el sabor de mis recuerdos: cous-cous, tajines, meshouis, pastelas...

¿Qué más da? Todo está como a mi me gusta.

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